Monday, June 12, 2006

1. Fachada del conjunto conventual antes de la remodelación


Conocí Malinalco hace más de quince años. Fue por azar que tomé esta foto: iba muy entusiasmado a echar un ojo a las ruinas prehispánicas que se encuentra muy cerca de ahí. Al pasar por el pueblo llamó mi atención el templo y tomé tres o cuatro fotos. Ya tenía yo noticias de los agustinos y su arte plateresco, por el convento de Acolman: jamás me imaginé que eso mismos monjes, por esos mismos años, habían construido este otro. Su estado era lamentable y no pude reconocer nada de lo plateresco que en él había (aunque, por otro lado, era muy grande mi ignorancia respecto del arte plateresco). Hoy el conjunto arquitectónico está en recuperación y es una verdadera belleza plateresca, aunque confusa, paradójica y contradictoria: como todo lo mexicano, quizá como toda condición humana.

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2. Fundación del convento

El convento y la iglesia de los padres agustinos de Malinalco, Estado de México, inició su construcción en 1543. Como todos los conventos, su edificación y decoración fue por etapas. Es probable que la obra definitiva (iglesia, planta baja del claustro, planta alta del mismo, murales, esculturas en piedra y talla en madera de figuras religiosas, así como el mobiliario para el culto y el servicio de los frailes) se hayan concluido hacia 1570. Un año después, “1571, la iglesia abovedada estaba concluida y el convento en construcción” (Kubler, pág. 618). No obstante, la construcción original ha tenido sucesivas remodelaciones. Junto con el convento de Metztitlán (Hidalgo) era el de Malinalco la posesión más rica de los padres agustinos. Este hecho lo revela el que en 1753 el rey de España ordenó secularizar (entregar a los sacerdotes no frailes) todas las doctrinas (conventos dedicados a la evangelización de los indígenas) permitiendo que las órdenes religiosas conservaran sólo 2 conventos de este tipo por provincia. Los padres agustinos de México eligieron sus conventos rurales más ricos: Malinalco y Metztitlán. Para 1859 (por las leyes de Reforma) se exclaustran todas las órdenes religiosas; al parecer, los agustinos tuvieron que dejar el convento, pero no la iglesia de Malinalco. En 1889 el padre superior de la orden Agustina (fray José María Márquez) informa que se conserva la iglesia, entre otras, de Malinalco, pero no el convento, después de casi 30 años de existencia azarosa de la orden. Para 1925, a raíz del conflicto religioso entre el gobierno revolucionario y la iglesia católica (Guerra Cristera) se hace un nuevo recuento de las posesiones agustinas: seis conventos, entre ellos el de Malinalco, han vuelto a estar bajo el control de los agustinos. En la actualidad (2005) la iglesia y el convento siguen en posesión de los padres agustinos; según me comentaron los lugareños, atienden a la feligresía un padre agustino y un sacerdote secular; vi de lejos a ambos en el mes de agosto, pero no tuve oportunidad de charlar con ellos.


[Fachada de la iglesia antes de la remodelación. Su estilo es demasiado sobrio para llamarla plateresca, pero conserva algunos elementos, que aislados, podrían ser considerados de tal influjo, tal es el caso de los rosetones y los rostros alados de ángeles. Los 5 nichos vacíos que decoran la fachada (en esta foto sólo se puede ver 3) guardan una gran semejanza con los de la fachada de la iglesia de Ixmiquilpan y la de Atotonilco. Esta foto tiene más de 15 años de tomada y el estado en que se encontraba el conjunto es palpable, era realmente lamentable; en la actualidad, una asociación está rescatando esta obra colonial.]

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3. Descripción de la fachada


El templo del conjunto conventual de Malinalco está consagrado bajo la advocación de “El Divino Salvador”. Consta su fachada de dos cuerpos muy sobrios en su ornamentación; predomina en ella más lo renacentista, en el sentido de lo sobrio, que lo plateresco, con sus excesos decorativos. Es renacentista por la pureza y perfección de su arco de medio punto que enmarca la entrada principal; lo grandioso, siendo sobrio doblemente grandioso. Es también renacentista por el aspecto italianizante de las columnas y el frontón que decora la ventana del coro. Lo plateresco le vendrá, a caso, del hecho de que la decoración de la fachada es autónoma a la concepción arquitectónica de la edificación; como dice Camón Aznar: “En España, [en el plateresco] por el con­trario, la fachada se concibe como una entidad, dispuesta en muchos casos con independencia del elemento que decora”.

[Fachada de la iglesia en su estado actual. El repellado se ha retirado y la cantera pude ser apreciada en sus colores y texturas originales; no obstante, el liquen y las plantas parasitarias han vuelto a aparecer en algunos lugares, ennegreciendo o verdeando algunos detalles del conjunto lapidario]

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4. Descripción de la fachada: primer cuerpo

La parte central de la fachada está construida en cantera labrada y adosada a la misma. El resto (no solo de la fachada, sino de todo el templo) está construido con tosca piedra y argamasa, repellada en sus interiores, desnuda en la parte externa. La parte central, obviamente, son las inmensas puertas enmarcadas por un arco de medio punto en el que se combinan arquivoltas (molduras) y cordones (fingidos hilos labrado sobre la piedra que separan a una moldura de otra) de manera juguetona puesto que reaparecen combinados de diferente manera en el arco de la puerta lateral y en los arcos del claustro. Por ejemplo, en este arco de la puerta principal tenemos, de afuera hacia adentro, un cordón, tres molduras, un cordón, una moldura y un cordón. Los mismos elementos, pero en menores cantidades y combinaciones diversas encontraremos en el resto de la arquería del conjunto conventual.
Decoran, a cada uno de los dos costados de la puerta, un par de falsas columnas cuadradas (pilastras), adosadas al muro. Los capiteles de éstas se decoran con estrías y un rosetón en el ábaco. Si algún estilo hay en ellas, éste se asemeja al orden toscano. Al centro de cada par de pilastras se encuentra un par de nichos, rematados por una concha (tema repetido en todo el conjunto conventual); estos nichos, muy probablemente nunca fueron ocupados por alguna escultura. El friso que se sostiene en las falsas columnas ostenta la leyenda “Salva a tu pueblo Señor”, de origen muy reciente, de seguro. La parte central de cada par de columnas, a la altura del friso, se decora con una concha, símbolo de la virginidad de María (dogma católico rechazado por los protestantes).
Rematan el friso, y con ello concluye este primer cuerpo del templo, unas conchas, a los costados izquierdo y derecho de los pares de columnas; arriba y a un costado de las conchas, fuera de contexto, se encuentran dos rostros de ángeles alados. Arriba y al centro del friso se encuentra el último de los cinco nichos que culmina el primer cuerpo de la fachada de la iglesia “El Divino Salvador”.

[Primer cuerpo de la fachada en su estado actual. Las puertas se han abierto de par en par porque es día de fiesta; afuera los chinelos se preparan para entrar a danzar al templo (en el siglo XVI esas danzas se realizaban en el atrio) y los mayordomos de este día, los taxistas (modernos arrieros) preparan el adorno floral con que engalanarán la fachada de su iglesia; es costumbre de los lugareños usar el estilóbato de las pilastras para sentarse y descansar; en las fotos que conservo de hace como dos décadas se les puede apreciar haciendo lo mismo]

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5. Descripción de la fachada: segundo cuerpo


El segundo cuerpo de la fachada está integrado por el nicho central que remata el primero y que sirve de transición entre uno y otro. La decoración principal de este segundo cuerpo se construyó en torno de la ventana rectangular que sirve para iluminar el coro. Las jambas y el dintel que enmarcan la ventana están decorados con molduras y siete rosetones, el superior central se encuentra deteriorado. Los costados de las ventanas están decorados con columnas de orden corintio adosadas al muro; éstas tienen el fuste estriado y reposan sobre estilóbatos decorados con dos rosetones cada uno, las pilastras se sostienen sobre ménsulas redondeadas en sus puntas. Sobre el capitel de las columnas se encuentra el friso, decorado con caras aladas, a la altura de las mismas columnas, y el resto con siete rosetones, dos de ellos desaparecidos y el central muy deteriorado. Sobre el friso se encuentra el frontón, decorado con la imagen de Cristo crucificado, alusión a la advocación del templo; todo el frontispicio se encuentra deteriorado.

[Segundo cuerpo de la fachada en su estado actual. De los dos cuerpos, este segundo es el que tiene más sentido de unidad; su sobriedad, como en el otro es mucha; da la impresión que se decoró como se pudo, la solitaria imagen de cristo crucificado en el interior del frontón así lo revela]

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7. Comentarios a la fachada II


No obstante estas explicaciones, son más las preguntas que las respuestas. Por ejemplo, en circunstancias similares, las comunidades indígenas del norte de la ciudad de México (Actopan, Ixmiquilpan, Acolman, Epazoyucan, Metztitlán) construyeron fachadas más lujosas, mientras que las ubicadas al sur de la ciudad de México no (Malinalco, Ocuituco, Totolapan, Atlatlauhcan). Es decir, los del norte se parecen más entre sí que con los del sur y al revés: los del sur se parecen más entre sí que con los del norte ¿Por qué? Es evidente que los indígenas del norte eran más pobres que los del sur.
Otra pregunta: ¿por qué tanta sobriedad en la fachada y tanto lujo en el interior? Es evidente que los recursos invertidos hacia adentro del templo y del convento son mucho más que los invertidos en sus fachadas (de la iglesia y del convento)

[Detalle del segundo cuerpo de la fachada de la iglesia flanqueada por la torre, a la izquierda, y un contrafuerte a la derecha y rematado con un reloj. Es evidente que la torre se construyó en una etapa posterior, quizá ya de abundancia, pero rompe, por su bastedad, la armonía, la esbeltez y la sensación de grandeza; por ejemplo, el ancho del cuerpo de la torre equivale a dos terceras partes del ancho de la fachada, esto transmite una sensación de achaparramiento a la iglesia; la torre es impersonal y sin estilo y no se integra ni le da armonía al conjunto; compárese esta torre con la esbeltez y donosura de la torre del campanario de Zempoala y se entenderá con claridad lo que quiero decir. Por otro lado, como el primer cuerpo del campanario quedó ligeramente atrás, desnivelado de la fachada, se le hizo un resane en plano inclinado para tratar de incorporarla a la fachada y crear con esta un mismo plano, pero el resultado es torpe, pareciera que la inmensa mole del campanario se construyó más con temor que se fuera venir abajo que con un sentido de lo bello. La torpeza del diseñador o del constructor no le permitió tomar bien las medidas para evitar o corregir el desnivel aludido, o bien, el peso, autónomo, de cada una de las moles pétreas se desplaza en el subsuelo de manera autónoma, y los constructores de la torre no pudieron calcular esto.
Por otro lado, se observa que hay un contrafuerte del lado derecho de la fachada pero no lo hay en el izquierdo; muchos de estos templos agustinos tienen en las esquinas de sus fachadas estos contrafuertes que apuntalan el edificio y le dan un sentido de la volumetría y de la tercera dimensión; este par de contrafuertes lo tienen los templos de Tlayacapan, Atlatlauhcan, Yecapixtla, y Totolapan, entre otros. Todo parece indicar que el contrafuerte derecho fue retirado para construir ahí la torre, solución pobre y falta de imaginación, ya que, por ejemplo, las torres de los campanarios de Yecapixtla y Atlatlauhcan se construyeron atrás de la fachada, evitando así alterar el diseño original e integrándose al conjunto y no compitiendo con él.
Finalmente está el reloj que remata la fachada; es muy probable que haya sido instalado a principios del siglo XX. Aunque su diseño es sobrio como el resto de la fachada no buscó integrarse a ella, sino que simplemente, como la torre del campanario, se le adosó; esta yuxtaposición salta más a la vista cuando lo comparamos con el reloj de la iglesia de Atlatlauhcan, que sí busco integrarse al conjunto. Es muy probable que antes de ese reloj hubiera ahí una espadaña con el campanario, y simplemente se le rasuró, a raíz de la construcción de la torre; es decir, múltiples decisiones tomadas con poco tino y poco felices en sí mismas. A medida que comente el resto iré señalando otras modificaciones desafortunadas.
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8. Fachada lateral del templo

La fachada lateral del templo aún no ha sido reconstruida. No obstante, en esta foto se logra notar el arco de medio punto similar al de la fachada principal; a pesar de su parecido, guarda con ella algunas diferencias, que le da, como ya dije, una sensación lúdica al diseño; en este caso tenemos 6 molduras y un cordón. Como el otro, es sobriamente hermoso. Remata este primer y único cuerpo un nicho muy deteriorado que tiene una gran semejanza y paralelismo con el superior de la fachada principal, pero, claro, de menores dimensiones
[Fachada lateral en su estado actual. Su deterioro es mucho y el descuido evidente, entre otras causas, porque no se usa: esta entrada permanece siempre cerrada y la maleza surge al pie del sardinel. El cableado eléctrico, como se observa, cuelga descuidadamente; todo esto habrá de corregirse, de seguro.]

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9. Ábside del templo

Al centro de esta fachada trasera se observa un arco quebrado, propio del gótico, abocinada que enmarca la ventana del altar mayor. A partir de este momento y en las sucesivas fotografías empezará a destacarse lo que de plateresco tiene este conjunto conventual; como ya es sabido, una de las tres partes integrantes del plateresco es su origen en el gótico y la permanencia de muchos elementos de este estilo arquitectónico medieval. Flanquean a esta sencilla ventana un par de contrafuertes por cada lado, lo cual trae a nuestra memoria el recuerdo de que estos conjuntos arquitectónicos mucho tenían el aspecto de una fortaleza.
[Ábside de la iglesia de Malinalco. Remata al arco quebrado una sencilla cruz; como se pude notar, la maleza ha colonizado algunas partes de este ábside, problema que no enfrentan los conventos del norte de la ciudad de México, que por el clima seco y árido evitan estos daños.]

10. Panorámica del interior del templo

La planta del templo es rectangular, con uno de sus extremos redondeados. Los mexicanos, tan acostumbrados al exceso barroco, cuando entramos a este templo (o a cualquier otro agustino de la época) nos sorprende (no obstante las grandes modificaciones que ha tenido) su gran sobriedad y monumentalidad: no hay nave crucero que aloje los altares menores, no hay capillas laterales, no hay columnas exentas y, originalmente, no había nichos laterales. Es una simple nave con bóveda de cañón que, por su diseño nos recuerda las primitivas iglesias cristianas, que a su vez se inspiraron en las paganas basílicas romanas. La bóveda del presbiterio es de tipo cupular o “media naranja”. De estas cúpulas primitivas se construyeron muy pocas; existen en la catedral de Mérida, Santo Domingo de Oaxaca o San Pedro y San Pablo en México; todas ellas se construyeron sólo hasta fines de siglo, Kubler deduce que se empezaron a construir a partir de 1583, (Kubler, pág. 282) lo cual nos plantea un problema de fechas, ya que el mismo norteamericano afirma que para 1571 el templo ya se había concluido de construir.

[Interior de la iglesia. Como se pude ver en esta foto panorámica, el interior es un todo abigarrado compuesto de elementos, muchos de ellos contrastantes y contradictorios, son producto del gusto popular y del desprecio de los que lo habitaron y decidieron sobre él, después del siglo XVI, por el programa original de los templos agustinos. Éstos fueron sacerdotes o frailes que, impunemente, modificaron sin ton ni son el diseño primigenio. Por ejemplo, choca a nuestro moderno gusto la falta de autenticidad. Todo lo simulado, todo lo que pretende decir que es, lo que no es, nos desagrada; un caso son las pinturas murales que decoran las paredes: simulan columnas y altares que no existen; una bóveda cupular de crucería se quiere hacer pasar por una cúpula, pues se han pintado las pechinas o gajos que forman esa falsa cúpula, el altar mayor plateresco ha sido sustituido por un altar neoclásico, (debió ser el altar mayor original, plateresco, una obra de mucho valor artístico, pues se sabe que fue realizado pro Simón Pereyns, afamado artista de la época que construyó muchas obras de gran valor, como las realizadas en Atotonilco o Epazoyucan), unas cortinas con los colores papales ocultan las columnas que forman el arco triunfal y sostienen las dovelas; el color azul pastel de los murales nos parece cursi, comparado con el fuertemente expresivo color de las grisallas que cubre.]

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11. Fachada del convento

En esta fachada del convento o portal de peregrinos se encuentran claramente incluidos dos elementos constitutivos del plateresco: Edad Media y Renacimiento. Los elementos medievales son de influjo románico ya que las anchas pilastras, que sostienen los siete arcos de medio punto, tienen un aspecto, achaparrado, sensación que refuerza el tamaño tan grande de las enjutas, que se prolongan más de un metro por arriba de los arcos, propio del románico primitivo. Es decir, por la técnica constructiva, estos arcos trataron de hacerse con tal solidez que la fachada, aparte de sostener el techo, es como un muro al que se le han practicado siete grandes postigos o entradas; dicho de otra manera, las pilastras y las altas enjutas son todo un continuo que se sostiene con gran fuerza sobre la superficie, como temiendo que, si se le da unas dimensiones más ligeras y aireadas podría venirse a bajo la construcción, sensación que siempre provoca la arquitectura románica. El elemento renacentista, a través del cual se contra restó esa inseguridad de las grandes moles, se lo da el número excepcional de arcos: siete, normalmente casi todos los demás conventos suelen tener tres; también la pintura mural cumple una función similar, pero lo que más se destaca de su aspecto renacentista es la cenefa que corona la fachada decorada con escudos y anagramas en altorrelieve. Todo esto provoca una sensación de armonía y sobriedad, máximo ideal buscado por la arquitectura renacentista.
[Era varias las funciones que los portales de peregrinos daban a la comunidad, quizá la más importante se ha perdido: los indígenas ya no llega a dormir a él; pero como espacio de evangelización o de reuniones profanas es evidente que se sigue usando. Bancas escolares se logran ver en esta foto, donde quizá los niños son adoctrinados.]

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12. Arquería del claustro

Como los demás convento agustinos del sur de la ciudad de México (Totolapan, Tlayacapan o Atlatlauhcan) el claustro es pequeño con tres arcos en el primer nivel y cuatro en el segundo; también, su construcción es de una sobriedad que raya en lo primitivo, no obstante, contiene algunos elementos que lo diferencian; veamos primero las semejanzas. La arquería no se forma con columnas labradas sino con pilastras (en el segundo nivel) o como simples horadaciones en el muro (en el primer nivel) al que se le han adosado contrafuertes y falsas columnas; los vanos o enjutas de los arcos superiores son particularmente grandes, lo cual les da un aspecto románico. La principal diferencia del de Malinalco con éstos son los materiales de construcción y la búsqueda de lo bello. Por ejemplo, el material de construcción en Atlatlauhcan es una simple acumulación de piedras y argamasa: “En estos primitivos claustros de contrafuertes no aparecen dovelas en los arcos. Los vanos de estos claustros se construían con materiales rudos y argamasa, sostenidos por cimbra hasta que fraguaban” (Kubler, pág. 404) Mientras que el de Malinalco tiene recubierto el muro con sillería labrada, cada uno de los arcos inferiores posee tres pares de arquivoltas que hacen armonía con las arquivoltas de los arcos de las fachadas de la iglesia, por otro lado, la sillería de las jambas de los arcos está labrada en cantera rosa; así hace Kubler la diferenciación: “Podemos distinguir dos tipos de claustros de contrafuertes: los de mampostería con piedra bruta y los que utilizaron piedras de cortes especiales, con dovelas y sillería” (Kubler, pág. 406)

[La actual recuperación del convento de Malinalco la podemos contemplar aquí en todo sus logros: expuso a los ojos del que contempla un hermoso y sobrio claustro que el liquen y el deterioro habían ocultado, o bien, dificultaban apreciar su belleza y armonía.]

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13. Detalle de la arquivolta del claustro

Aquí podemos ver en detalle los arcos de medio punto con arquivoltas triples (lo cual no me parece casualidad, supongo que alude a la trinidad) separadas la primera de la segunda y la segunda de la tercera por un delgado cordón. Este arco forma parte de la arquería del primer nivel del claustro. Al fondo se puede ver las pinturas murales en grisalla, tanto del techo abovedado como de las cenefas superiores con oraciones en latín.

14. El claustro, antes de la recuperación




Sucesivas remodelaciones (en una arquería del atrio se lee una remodelación del siglo XVIII) ocultaron con recubrimientos de yesería la cantera y los murales; y sobre esos murales se pintaron nuevos y anodinos murales; a esto hay que agregar el deterioro provocado por el tiempo y el clima húmedo. Así estaba el claustro en aquellos años ochenta: ennegrecido por el liquen y verdeante por las plantas parasitarias mali0063

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15. Pasillo superior del claustro

La mayoría de los conventos agustinos del siglo XVI fueron construidos con bóveda de cañón, a diferencia de otros muchos cuyos techos eran de madera y teja. Aquí podemos ver cómo la bóveda fue decorada con cinco arcos rebajados, cada uno reposando su peso sobre las pilastras de la arquería del claustro, por un lado, y en el muro interior, por el otro. Si observamos con cuidado estos arcos podremos notar que su función es más decorativa que práctica; es decir, que la bóveda de cañón (como sucede en los conventos ya aludidos, donde los techos de los pisos superiores de los claustros están fabricados con una bóveda corrida) no necesita obligadamente estas dovelas para sostenerse en pie.
[La decoración con pintura mural al temple con formas geométricas prueba el origen mudéjar de esta práctica y evidencia el influjo plateresco con que se construyó este convento, ya que como sabemos el arte mudéjar fue retomado por el plateresco en su variante “Estilo Cisneros” Por otro lado, crea un fuerte contraste con las pinturas murales de la planta baja, ya que estás fueron realizadas a la grisalla y sin ninguna forma geométrica]

16. Pintura mural en los testeros del claustro



En las cuatro esquinas (una en cada uno de los dos lados de cada vértice) de los pasillos del claustro se ejecutaron pinturas murales alusivas a la pasión de Cristo, como era la costumbre, además, se decoró estas esquinas del claustro con una bóveda de crucería, que recuerda el origen gótico de esta práctica. Obsérvese como los arcos cruzados no forman arcos rebajados o de medio punto, sino arcos ojivales; por lo tanto, en estos lugares las bóvedas forman, al igual que en la iglesia, una “media naranja” o bóveda cupular, como las llama Kubler.
[Los trabajos de restauración han logrado recuperar mucho de las pinturas murales originales, por desgracia, parte de las mismas no se salvaron. Obsérvese como, de los cuatro gajos del intradós, sólo tres mantienen las pinturas, no así el inferior. El tema pictórico que aquí se observa es La Crucifixión de Jesús, a las figuras ya tradicionales que aparecen en este tema (la virgen María y María de Magdala), se agrega la imagen de San Agustín]

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Saturday, June 03, 2006

17. Deambulatorio de las celdas

La población de un convento rural, como este, era mínima; vivían en él de dos a ocho monjes y en el siglo XVI la mayor parte de ellos se la pasaban de “visita” en los pueblos de “doctrina” donde no había conventos. En el ala sur de la planta alta se construían las celdas que servían de habitación y dormitorio para los monjes; estas celdas se encontraban separadas del claustro por un muro, lo cual les daba privacidad y mayor abrigo contra la intemperie. Por lo tanto, un monje al salir de su celda se encontraba un muro frente a él: el deambulatorio. Para salir de este deambulatorio tenía que hacerlo por la única puerta que daba al claustro (aquí, a la derecha del que mira). Este convento posee siete celdas y todas las puertas de éstas dan a este deambulatorio; tres de ellas se comunican con otras tantas a través de una puerta practicada en el muro que las separa.
[Como se puede observar, el techo del deambulatorio es una bóveda de cañón sin arcos de sillería ni bóveda de arista. Está decorado con pinturas murales de temas florales como el del primer nivel y anagramas de Jesús, María y la Orden de San Agustín. Posee, como el resto de los pasillos, cenefas en su parte superior y pintura mural a la grisalla en todas sus partes. También se puede notar como aún, por desgracia, no ha sido reconstruido.]

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18. Dintel de la puerta de una celda

La vida conventual tuvo muchas variantes a lo largo de los siglos. Durante la Edad Media, con frecuencia, la vida comunitaria ordenaba el dormir en un solo espacio, a fines de la misma se instituyó por los monjes cartujos la obligatoriedad de dormir en espacios independientes o celdas. Por esta foto podemos darnos cuenta que la bóveda del deambulatorio fue construida con grandes piedras de río y material de relleno entre unas y otras, para aligerar el peso.

[En la parte superior, grandes piedras sin labrar, muy separadas unas de otras, lo cual revela que entre ellas se utilizó material de relleno menos pesado (barro, adobe, ripio, tezontle); después, cenefas a la grisalla con motivos florales y geométricos; más abajo, en el filo inferior de la cenefa, un cable eléctrico sujetado con grapas a la pared; después, el anagrama de Jesús Salvador de los Hombres, en latín, pintado con colores negro, azul y sepia. Finalmente, el dintel de la puerta.]

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19. Detalle de la pintura mural en un testero.

La Edad Media española llegó a México por varios caminos, uno de los menos conocidos es el de las imágenes tomadas de libros y tapices. No es casualidad que estas imágenes nos parezcan claramente medievales, es que lo son: fueron tomadas de libros medievales traídos por los monjes y reproducidos por los tlacuilos o pintores indígenas, en estas paredes.
[Detalle de la pintura “Descendimiento de la Cruz”. La falta de sensación de la tercera dimensión, de la proporción o de la perspectiva no es producto del desconocimiento que el pintor indígena tuviera de tales elementos pictóricos, sino que él se limitó a pintar las imágenes que le eran presentadas. Si vemos ilustraciones románicas o bizantinas podremos detectar inmediatamente el origen estilístico, no buscado, de estos murales]

20. Pintura mural del vano de la escalera




Casi toda la pintura mural del vano de la escalera que asciende al segundo nivel ha desaparecido, y todo parece indicar que no será posible recuperarla ya que el repellado se encuentra muy deteriorado; no obstante, en la bóveda se conserva la pintura de un escudo circular dentro del cual se representa una ave de pie, con las alas abiertas y asaeteado el pecho por cinco flechas. Algunos críticos lo han identificado como un pelícano, otros como una garza y otros como una águila; no obstante la disparidad de criterios, todos coinciden en que se trata de una representación simbólica de Jesús. Sea Jesús, sacrificado para la salvación de los humanos, o el corazón de San Agustín atravesado por las flechas de la pasión por Cristo, la verdad es que el símbolo está constituido más por elementos prehispánicos que europeos. A mi parecer, la imagen corresponde a una águila y representa la fauna de la región de Malinalco; por otro lado, la decoración floral del margen representa también la región, y más aún alude al topónimo y al glifo prehispánico del mismo Malinalco, ya que las flores engarzadas en forma de guirnalda son la flor de la planta llamada malinalli. Así define la enciclopedia de los municipios la toponimia de Malinalco: “El nombre de Malinalco se compone de malinalli, planta gramínea llamada “zacate del carbonero”, con ellas se hacen las sacas del carbón y las cuerdas o mecates con que las atan; de xóchitl, "flor", y de co, "en", y significa: “Donde se adora a Malinalxóchitl, la flor del malinalli… En la Matrícula de Tributos (Códice de Moctezuma), el topónimos de Malinalco se interpreta por un cráneo humano rematado por seis estilizaciones de la planta malinalli florecida, éste se utiliza oficialmente”.
[Tres círculos concéntricos forman este escudo. El primero, el exterior, tiene un fondo sepia, con listones y flores dibujados con un estilo europeo, de color blanco. El segundo círculo es la guirnalda de malinallis, de color azul y perfiles trazados con líneas de pintura negra y en un fondo sepia; es evidente que el estilo es muy propio de los códices indígenas y muy probable también es que lo haya pintado un tlacuilo o pintor de códices. Finalmente está el ave herida, pintada en color café claro y sobre un fondo azul; es evidente, también, el estilo de los códices indígenas para representar esta águila, simplemente compáresela con el águila mexica del códice mendocino]

21. Pintura mural del primer nivel del claustro

Las pinturas murales del primer piso del claustro son las más importantes y las más espectaculares. Como toda la pintura mural difundida por las órdenes mendicantes en sus conventos e iglesias, tenían un fin didáctico, es decir, evangelizador. El objetivo era acercar de una manera sencilla los misterios de la fe cristiana a través de imágenes que unieran la cosmogonía cristiana con la indígena, por ello es que los frailes no sólo aceptaron incorporar elementos del imaginario prehispánico en las pinturas doctrinales de sus iglesias y conventos, sino que impulsaron a los artistas indígenas para que representaran el crepuscular mundo de las culturas prehispánicas. mali0015

[Las cuatro paredes y la bóveda del claustro fueron decoradas con estas pinturas murales a la grisalla. Se utilizó pintura negra sobre el fondo blanco del enlucido, en las paredes. En la bóveda el enyesado está pintado de azul, como era la técnica indígena de la pintura mural.]

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Friday, June 02, 2006

22. Temas de estos murales

El tema de estos murales es el paraíso por Dios prometidos a los hombres que en Él creyeren; para representar ese paraíso los frailes agustinos decidieron representarlo como la cosmovisión europea lo solía representar: como un jardín lleno de vida, plenitud y sosiego. La representación que de él se hace aquí incorpora elementos de la naturaleza americana que no existían en la naturaleza europea y en particular incorpora la simbología de plantas y animales que la cultura malinalca representaba a través de su cosmovisión prehispánica. Así, en estos murales se recoge la idea prehispánica del origen y la identidad de Malinalco como pueblo de herbolarios y curanderos, también se representa la idea de cultura y civilización a través de los glifos indígenas de civilización y cultura, se alude al nombre mismo del pueblo de Malinalco pintado innúmeras veces el glifo de malinalli. Es decir, se asume que si existe un paraíso celestial y éste se representa a través de la naturaleza, la vegetación, la flora y la fauna, en éstas la naturaleza, la vegetación, la flora y la fauna de Malinalco debería tener un lugar destacado. Para que un indígena se identificara fácilmente con un jardín florido no se le podía representar a éste como un jardín europeo o del cercano oriente, sino, precisamente, con un jardín indígena, o como el indígena podía concebir que debería ser un jardín.
[Para su análisis, se puede dividir en cinco partes cada uno de lo cuatro muros. Empezando de arriba hacia abajo tendremos en primer término la decoración frutal y floral de la bóveda, con imágenes pintadas en color negro sobre un fondo azul. Después, siguen dos cenefas con motivos marinos: delfines que emergen de hojas de acanto, como si fuesen ellos las flores de la planta. El extremo del acanto se resuelve en una espiral y a través de esta voluta se sujeta a un anillo; cada anillo detiene dos acanto-delfines
(Vea la foto numero 11 de Arte plateresco y conventos agustinos en México). En medio de las cenefas una franja de letras capitulares decoradas con temas florales rezan oraciones en latín. En tercer lugar se desarrolla el tema del paraíso. En cuatro lugar tenemos una nueva cenefa de delfines emergiendo de acantos y finalmente aparece una balaustrada que hace las funciones, también de guardapolvo.]

23. Detalle de la pintura mural de la bóveda

Son muchos los elementos a analizar de esta imagen pero me reservo de algunos y me concentro en tres elementos de origen indígena: la representación de la voluta del habla, la representación de abejas y la representación del glifo “malinalli”. Las dos primeras imágenes destacan particularmente ya que ambas están trazadas de manera idéntica a como se trazaban en los códices prehispánicos, sin hacer concesión alguna a la iconografía europea; más aún, dan la sensación de haber sido incorporadas de forma yuxtapuesta y no armónicamente imbricadas.
[En la parte superior izquierda de la fotografía se aprecia cómo de la vírgula del habla surge una flor; el trazo del glifo prehispánico contrasta con el trazo de la flor, esencialmente europeo. Lo mismo podemos decir de la imagen de la abeja. Hacía el centro de la foto y ligeramente hacia arriba se puede ver un glifo prehispánico del habla, del mismo sale una flor y en esa flor está una abeja libando; es evidente el trazo indígena de la abeja y la vírgula del habla, en oposición a la flor; incluso, la imagen de la abeja, por ser estilizada desde una perspectiva que no compartimos, la indígena prehispánica, nos da trabajo reconocer en esas tres elipses el vientre de la abeja, y la cabeza y las alas pintadas de azul, difícilmente nos parecerán tales. En cuanto a la imagen de la flor malinalli, aparece por todas parte de la imagen y es exactamente como se representa en varios códices indígenas, sólo que el elemento de la calavera, que completaría el topónimo Malinalco, ha sido omitido.]

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24. El muro sur

Los subtemas desarrollados en cada uno de los muros reproducen la cosmovisión indígena de los puntos cardinales; así en el muro sur se reproducen plantas americanas espinosas como los cactus y los nopales. Así lo explica Jeanette Favrot: “Las únicas plantas con espinas… están pintadas en la pared que da al sur. En la creencia mexicana la dirección del sur era conocida como huitztlampa” “región de espinas” (Favrot, Iconología y sociedad, pág. 30). Igualmente es reproducida la fauna americana: más de diez animales y una cuarentena de pájaros americanos han sido identificados, en este muro sur podemos ver un tlacuache.
[En cada uno de los cuatros muros están representados los anagramas de María y Jesús, y el escudo de la orden de los agustinos. Aquí podemos ver un fragmento del monograma I.H.S. También se puede observar del lado izquierdo de la foto un nicho en el muro oriente; del lado derecho se puede ver una parte de las pilastras esquineras y la pintura de cuerpo entero de unos de los padres de la iglesia.]

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25. El muro oriente

El punto cardinal del oriente era llamado por los mexicas como tlahuizcalpa y se podría traducir como “rumbo a la casa de la luz”; el oriente era asociado al Huitzilopochtli; esta asociación se hacía en función de que los guerreros que morían en el campo de batalla iban al “paraíso del sol” ubicado en el oriente, y ahí podían disfrutar de una vida regalada y podrían libar miel, como un colibrí (recuérdese que Huitzilopochtli significa colibrí zurdo). Por otro lado, el nahual u otro yo de Huitzilopochtli era el águila, en esta advocación se le llamaba el Guerrero Celeste, en esta condición era hijo de Coatlicue, que al nacer en el oriente lucha contra sus hermanos y los derrota. Así, en este mural podemos ver un colibrí libando la miel de una flor, un águila devorando un ave. Así pues, en estas imágenes se amalgaman claramente la cosmogonía indígena y cristiana del paraíso.

[Estas imágenes son el tema principal de estos murales. Del lado derecho se ve un árbol de zapote; un simio sujeta una de las frutas, el símbolo de este árbol es, según explica Jeanette Favrot, la de un “árbol de la sabiduría... el único árbol de frutas en los murales parecido a un manzano” (Favrot, Iconología y sociedad, pág. 36). Del lado izquierdo se encuentra otro árbol en el que se encuentra una serpiente hipnotizando a un pájaro, ambos símbolos cristianos, no indígenas, de la lucha entre el bien y el mal.]

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26. El muro norte

La superficie de este tercer muro confirma

27. El muro poniente

Finalmente repasaremos este último panel que nos falta por analizar, en él

28. Bibliografía

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Basalenque, Diego de “Los agustinos, aquellos misioneros hacendados” [fragmento de la obra titulada Historia de la provincia de San Nicolás Tolentino de Michoacán del orden de NPS Agustín], México, Conaculta, 1998, 277 p.

Camón Aznar, José, Summa artis, 5ª ed., Madrid, Espasa, 567 p. tomo VII

García Icazbalceta, Joaquín, “Los agustinos en México” en Obras, México, Salvador Chávez, s/f, tomo V

Kubler, George, Arquitectura mexicana del siglo XVI, México, FCE, 1983, 527 pp.
Martínez del Sobral y Campa, Margarita, Los conventos franciscanos poblanos y el número del oro, México, Inah / Sep / Gobierno del Estado de Puebla / Fundación Fuad Abed Halaba, 1992, 253 pp.

Peterson, Jeannette Favrot, “La flora y la fauna en los frescos de Malinalco: paraíso convergente” en Iconología y sociedad. Arte colonial hispanoamericano, México, UNAM, 1987, pp. 25 – 38.

Robert, Ricard, La conquista espiritual de México. Ensayo sobre el apostolado y los métodos... México, Jus, 1947, 327 pp.

Romero de Terreros, Manuel, Atlatauhcan, México, Inah, 1964, 49 pp.

Rubial García, Antonio, El convento agustino y la sociedad novohispana (1533-1630), México, Unam, 1988, 343 pp

Toussaint Manuel, Arte colonial en México, México, Unam, 1964, 346 pp.

Vargas Lugo, Elisa, Las portadas religiosas de México, Unam, 1969, 286 pp.