11. Fachada del convento

En esta fachada del convento o portal de peregrinos se encuentran claramente incluidos dos elementos constitutivos del plateresco: Edad Media y Renacimiento. Los elementos medievales son de influjo románico ya que las anchas pilastras, que sostienen los siete arcos de medio punto, tienen un aspecto, achaparrado, sensación que refuerza el tamaño tan grande de las enjutas, que se prolongan más de un metro por arriba de los arcos, propio del románico primitivo. Es decir, por la técnica constructiva, estos arcos trataron de hacerse con tal solidez que la fachada, aparte de sostener el techo, es como un muro al que se le han practicado siete grandes postigos o entradas; dicho de otra manera, las pilastras y las altas enjutas son todo un continuo que se sostiene con gran fuerza sobre la superficie, como temiendo que, si se le da unas dimensiones más ligeras y aireadas podría venirse a bajo la construcción, sensación que siempre provoca la arquitectura románica. El elemento renacentista, a través del cual se contra restó esa inseguridad de las grandes moles, se lo da el número excepcional de arcos: siete, normalmente casi todos los demás conventos suelen tener tres; también la pintura mural cumple una función similar, pero lo que más se destaca de su aspecto renacentista es la cenefa que corona la fachada decorada con escudos y anagramas en altorrelieve. Todo esto provoca una sensación de armonía y sobriedad, máximo ideal buscado por la arquitectura renacentista.
[Era varias las funciones que los portales de peregrinos daban a la comunidad, quizá la más importante se ha perdido: los indígenas ya no llega a dormir a él; pero como espacio de evangelización o de reuniones profanas es evidente que se sigue usando. Bancas escolares se logran ver en esta foto, donde quizá los niños son adoctrinados.]

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