17. Deambulatorio de las celdas

La población de un convento rural, como este, era mínima; vivían en él de dos a ocho monjes y en el siglo XVI la mayor parte de ellos se la pasaban de “visita” en los pueblos de “doctrina” donde no había conventos. En el ala sur de la planta alta se construían las celdas que servían de habitación y dormitorio para los monjes; estas celdas se encontraban separadas del claustro por un muro, lo cual les daba privacidad y mayor abrigo contra la intemperie. Por lo tanto, un monje al salir de su celda se encontraba un muro frente a él: el deambulatorio. Para salir de este deambulatorio tenía que hacerlo por la única puerta que daba al claustro (aquí, a la derecha del que mira). Este convento posee siete celdas y todas las puertas de éstas dan a este deambulatorio; tres de ellas se comunican con otras tantas a través de una puerta practicada en el muro que las separa.
[Como se puede observar, el techo del deambulatorio es una bóveda de cañón sin arcos de sillería ni bóveda de arista. Está decorado con pinturas murales de temas florales como el del primer nivel y anagramas de Jesús, María y la Orden de San Agustín. Posee, como el resto de los pasillos, cenefas en su parte superior y pintura mural a la grisalla en todas sus partes. También se puede notar como aún, por desgracia, no ha sido reconstruido.]

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